El Creador advirtió a el adversario 58550

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“Y interpondré enemistad entre tú y la fémina”. Génesis 3:15.


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Hay una contienda entre las fuerzas del bien y las del desorden, entre los mensajeros divinos obedientes y los infieles. Jesús y el acusador no coinciden y jamás podrán hacerlo. En cada era, la verdadera asamblea de el Altísimo ha librado una lucha contra las agencias del pecado. Y esta pugna, entre los seres infernales y las criaturas perversas, por un lado, contra los ángeles del cielo y los verdaderos creyentes, por el otro; ha de continuar hasta el término del combate.


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Esta intensa guerra elevará su fiereza a medida que se acerque el cierre. A los que se han aliado a los agentes satánicos, el Señor los ha designado como descendientes de la oscuridad. No existe, ni podrá existir, oposición innata entre los espíritus rebeldes y los seres humanos caídos. Ambos son perversos. Por causa de la rebelión, ambos cultivan odio interno. Los espíritus malignos y los pecadores se han aliado en una alianza peligrosa en contra del plan celestial.


El adversario comprendía que si podía seducir a la raza humana a asociarse con él y su rebelión, como lo había hecho con los ángeles, erigiría una gran potencia con la cual podría sostener su rebelión.


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En medio de las legiones oscuras predomina la rabia y las divisiones, sin embargo, todos están decididamente comprometidos en la lucha contra el reino de Dios. El objetivo común es desacreditar a Dios, y su gran número los induce a mantener la esperanza de que serán competentes de suplantar al Rey celestial.


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Cuando los primeros humanos fueron colocados en el paraíso, eran inocentes y estaban en perfecta sintonía con el Creador. En la esencia de sus almas no había la menor traza de odio. Pero cuando cayeron en falta, abandonaron su pureza. Llegaron a ser malvados porque se colocaron del lado del diablo e hicieron lo que el Señor específicamente les prohibió que no hicieran. Y si el Altísimo no hubiera intercedido, la humanidad perdida habría formado una alianza sólida con Satanás en conflicto directo con el Señor.


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Pero cuando el Creador dijo: “Y haré existir hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te quebrará en la mente, y tú le herirás en el pie”, el diablo supo que aunque había ganado terreno al tentar a los mortales, aunque los había llevado a creer en su mentira, aunque había logrado depravar la condición terrenal, algún arreglo se había hecho por el cual los seres que habían pecado recibirían una nueva oportunidad y su alma recuperaría la santidad. Comprendió que sus propias maniobras al seducirlos se revertirían y que sería situado en una situación desde la cual de ningún modo llegaría a ser un vencedor.


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Al decir, “Y implantaré odio entre tú y la mujer creada, y entre tu descendencia y la descendencia de ella”, el Creador se decidió a sembrar en los mortales un cambio radical, el rechazo por el mal, el engaño, la vanidad y por todo aquello que lleve el sello de las artimañas de el maligno.