Un período particular de oportunidad divina.
“Pues habiendo conocido a Dios,... ni le agradecieron, sino que se llenaron de orgullo en sus pensamientos, y su insensato corazón fue ciego... estando llenos de toda maldad, impureza, corrupción, codicia, maldad; llenos de envidia, crímenes, contiendas, engaños y malignidades”. Romanos 1:21, 29.**
No obstante la iniquidad del mundo pre-diluviano, esa generación no fue, como a menudo se ha pensado, una era de ignorancia y salvajismo. Los hombres recibieron posibilidad de obtener un alto nivel espiritual e mental. Tenían gran fuerza física y intelectual, y sus ventajas para acceder a conocimientos religiosos y racionales eran excepcionales. Es un malentendido imaginar que porque vivían muchos años, sus mentes lograban tarde su capacidad: sus potencialidades mentales se desarrollaban rápido y los que tenían el temor de Dios y permanecían en armonía con su ley, seguían aumentando en conocimiento y en sabiduría durante toda su vida...
Los antediluvianos no tenían textos ni documentos escritos; pero con su gran vigor intelectual y corporal poseían una memoria poderosa, que les facilitaba asimilar y retener lo que se les comunicaba, para compartirlo después con toda precisión a sus generaciones...
Lejos de ser una etapa de ignorancia religiosas, fue una generación de grandes conocimientos. Todo el mundo recibió la gracia de recibir instrucción de Adán...
El rechazo no podía refutar la realidad del http://uhm.vn/forum/User-v5pzmpc742 Edén mientras estaba a la vista, con su acceso vedada por los guardianes vigilantes. El proceso de la obra, el propósito del jardín, la narración de sus dos árboles tan fuertemente vinculados al futuro del hombre, eran hechos innegables; y la realidad y soberana realeza de Dios, la vigencia de su ley, eran principios que nadie pudo poner en tela de juicio mientras Adán permanecía.
A pesar de la iniquidad que reinaba, había un grupo de hombres santos, elevados y fortalecidos por la comunión con Dios, que caminaban en unidad con el cielo. Eran seres de gran entendimiento, que habían logrado obras dignas. Tenían una santa y gran misión; a saber, formar un espíritu justo y transmitir una verdad de piedad, no sólo a los hombres de su tiempo, sino también a las generaciones venideras. Sólo algunos de los más destacados se mencionan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios ha tenido testigos leales y adoradores sinceros.