Un período único de posibilidad espiritual.

From Wiki Planet
Jump to navigationJump to search

“Pues habiendo sabido de a Dios,... ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su terco corazón fue entenebrecido... estando atestados de toda injusticia, impureza, depravación, avaricia, maldad; llenos de celos, crímenes, peleas, fraudes y malignidades”. Romanos pps.asureforce.net/Redirect.aspx?PunchTime=&LoginId=&LogoffReason=&redirecturl=youtu.be/kDzzs2jjLQc 1:21, 29.**

No obstante la iniquidad del mundo pre-diluviano, esa era no fue, como a menudo se ha pensado, una época de oscuridad y barbarie. Los hombres recibieron oportunidad de lograr un alto nivel ético e cognitivo. Poseían gran vigor corporal y mental, y sus facilidades para obtener conocimientos divinos y naturales eran excepcionales. Es un engaño imaginar que porque existían muchos años, sus capacidades llegaban a tarde su pleno desarrollo: sus habilidades mentales se activaban rápido y los que tenían el temor de Dios y andaban en acuerdo con su ley, continuaban creciendo en sabiduría y en discernimiento durante toda su vida...

Los antediluvianos no tenían textos ni registros materiales; pero con su gran vigor mental y corporal disponían de una retentiva poderosa, que les daba entender y retener lo que se les transmitía, para compartirlo después con toda claridad a sus generaciones...

Lejos de ser una etapa de ignorancia teológicas, fue una época de grandes conocimientos. Todo el mundo recibió la posibilidad de obtener instrucción de Adán...

El escepticismo no podía cuestionar la realidad del Edén mientras estaba a la presente, con su entrada custodiada por los guardianes vigilantes. El proceso de la obra, el objeto del paraíso, la relación de sus dos árboles tan claramente ligados al porvenir del hombre, eran hechos indiscutibles; y la realidad y suprema autoridad de Dios, la validez de su ley, eran principios que nadie pudo negar mientras Adán vivía.

A pesar de la iniquidad que dominaba, había un grupo de individuos piadosos, ennoblecidos y elevados por la intimidad con Dios, que vivían en compañerismo con el cielo. Eran seres de poderoso entendimiento, que habían logrado obras dignas. Tenían una santa y gran tarea; a saber, formar un espíritu justo y mostrar una enseñanza de temor de Dios, no sólo a los hombres de su tiempo, sino también a las edades posteriores. Sólo algunos de los más mencionables se citan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios tuvo siervos leales y seguidores sinceros.