El descontento entre los espíritus santos 12374
Dejando su lugar en la compañía de Dios, el ángel rebelde salió a sembrar el malestar entre los huéspedes del cielo. Con misterioso secreto, ocultando su auténtico intención bajo una imagen de reverencia a el Creador, se empeñó por sembrar insatisfacción con respecto a las leyes que administraban a los habitantes del cielo, dando a entender que establecían limitaciones excesivas. Puesto que sus esencias eran santas, declaró en que los ángeles debían seguir los impulsos de su propia elección. Dios había sido parcial con él al conceder el privilegio máximo a el Hijo de Dios. Declaró que no pretendía elevarse a sí mismo, sino que procuraba asegurar la independencia de todos los habitantes del cielo, para que pudieran lograr una vida superior.
El Señor aguantó mucho tiempo a el ángel caído. No fue expulsado de su sublime rango ni siquiera cuando empezó a difundir engañosas declaraciones ante los habitantes del cielo. Una y otra vez se le propuso el perdón a requisito de retractación y humildad. Se hicieron tales acciones como sólo el compasión eterno podría imaginar para hacerle ver de su error. El desacuerdo nunca se había conocido en el cielo. El propio Lucifer no comprendió al principio la auténtica naturaleza de sus emociones. Cuando se demostró que su inconformidad carecía de causa, Lucifer se persuadió de que las exigencias celestiales eran correctas y de que debía reconocerlas ante todo el reino divino. Si lo hubiera realizado, se habría redimido a sí mismo y a muchos compañeros. Si hubiera estado preparado a regresar a el Altísimo, conforme de asumir el cargo que se le había designado, habría sido recuperado en su función. Pero el orgullo le evitó rendir cuentas. Insistió que no tenía necesidad de arrepentimiento, y se sumergió plenamente en la gran disputa contra su Hacedor.
Todos los recursos de su intelecto maestra estaban ahora orientados al mentira, para asegurarse la simpatía de los seres celestiales. Satanás representó que había sido condenado parcialmente y que su autonomía estaba limitada. De la manipulación de las palabras de Cristo pasó a la falsedad directa, acusando al Hijo de Dios de un plan de rebajarlo ante los pobladores del cielo.
A todos los que no pudo corromper a su bando los señaló de indiferencia hacia los objetivos de los habitantes del cielo. Apeló a la tergiversación del Creador. Su plan era engañar a los ángeles con propuestas engañosos sobre los objetivos de Dios. Oscurecía en el secreto todo lo que era sencillo, y mediante una alteración hábil ponía en duda las declaraciones más evidentes de Dios. Su alta jerarquía daba mayor fuerza a sus acusaciones. Numerosos fueron inducidos a agruparse a él en la insurrección.