El inconformidad entre los espíritus santos 34988
Apartándose de su posición en la corte de el Creador, el portador de luz se fue a difundir el desacuerdo entre los huéspedes del cielo. Con oculto secreto, escondiendo su auténtico objetivo bajo una imagen de respeto a el Señor, se afanó por despertar descontento con respecto a las normas que gobernaban a los espíritus santos, dando a entender que establecían limitaciones excesivas. Puesto que sus naturalezas eran perfectas, insistió en que los habitantes celestiales debían obedecer los dictados de su propia deseo. Dios había sido injusto con él al otorgar el honor supremo a el Hijo de Dios. Afirmó que no deseaba elevarse a sí mismo, sino que aspiraba asegurar la autonomía de todos los moradores del reino celestial, para que pudieran obtener una existencia más alta.
El Señor soportó mucho tiempo a el rebelde. No fue depuesto de su exaltada posición ni siquiera cuando inició a lanzar mentirosas afirmaciones ante los seres celestiales. Una y otra vez se le brindó el indulto a requisito de arrepentimiento y humildad. Se hicieron tales intentos como sólo el cariño eterno podría concebir para convencerlo de su falta. El descontento nunca se había manifestado en el universo divino. El propio ángel rebelde no entendió al principio la verdadera naturaleza de sus emociones. Cuando se reveló que su inconformidad carecía de causa, el caído se persuadió de que las exigencias divinas eran justas y de que debía admitirlas ante todo el universo celestial. Si lo hubiera realizado, se habría preservado a sí mismo y a muchos compañeros. Si hubiera estado dispuesto a regresar a Dios, satisfecho de asumir el cargo que se le había asignado, habría sido restituido en su cargo. Pero el arrogancia le prohibió someterse. Afirmó que no tenía obligación de remordimiento, y se involucró plenamente en la gran confrontación contra su Hacedor.
Todos los facultades de su mente brillante estaban ahora orientados al fraude, para asegurarse la simpatía de los ángeles. Lucifer representó que había sido condenado parcialmente y que su autonomía estaba restringida. De la distorsión de las palabras de Jesús pasó a la calumnia directa, culpando al Mesías de un plan de denigrarlo ante los habitantes del reino celestial.
A todos los que no pudo corromper a su lado los acusó de indiferencia hacia los intereses de los seres celestiales. Utilizó a la manipulación del Altísimo. Su política era confundir a los ángeles con razonamientos sutiles sobre los planes de el Creador. Envolvía en el enigma todo lo que era simple, y mediante una corrupción hábil cuestionaba las afirmaciones más evidentes de el Altísimo. Su elevada jerarquía daba mayor autoridad a sus representaciones. Muchos fueron inducidos a alistarse a él en la sublevación.