El descontento entre los ángeles 27643

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Dejando su sitio en la presencia de Dios, el ángel rebelde salió a difundir el malestar entre los seres celestiales. Con secreto misterio, disfrazando su real intención bajo una fachada de reverencia a el Señor, se esforzó por provocar insatisfacción con respecto a las reglas que gobernaban a los seres celestiales, dando a entender que proponían prohibiciones innecesarias. Puesto que sus naturalezas eran santas, insistió en que los habitantes celestiales debían seguir los mandatos de su propia deseo. Dios había sido parcial con él al otorgar el honor máximo a Jesús. Afirmó que no deseaba exaltarse a sí mismo, sino que aspiraba asegurar la libertad de todos los moradores del paraíso, para que pudieran lograr una existencia más alta.


Dios toleró mucho tiempo a el ángel caído. No fue depuesto de su sublime posición ni siquiera cuando inició a difundir falsas acusaciones ante los seres celestiales. Una y otra vez se le ofreció el perdón a condición de retractación y sumisión. Se hicieron tales acciones como sólo el amor eterno podría concebir para hacerle ver de su error. El desacuerdo nunca se había experimentado en el reino celestial. El propio portador de luz no entendió al principio la verdadera esencia de sus sentimientos. Cuando se evidenció que su insatisfacción carecía de fundamento, el tentador se persuadió de que las reivindicaciones celestiales eran legítimas y de que debía admitirlas ante todo el universo celestial. Si lo hubiera realizado, se habría salvado a sí mismo y a muchos ángeles. Si hubiera estado dispuesto a volver a el Señor, conforme de ocupar el cargo que se le había asignado, habría sido restituido en su cargo. Pero el soberbia le impidió rendir cuentas. Afirmó que no tenía necesidad de retractación, y se involucró plenamente en la gran disputa contra su Creador.


Todos los recursos de su capacidad maestra estaban ahora orientados al mentira, para asegurarse la apoyo de los ángeles. Satanás sugirió que había sido tratado injustamente y que su autonomía estaba coartada. De la tergiversación de las declaraciones de Jesús pasó a la mentira directa, señalando al Salvador de un intención de humillarle ante los habitantes del reino celestial.


A todos los que no pudo subvertir a su lado los culpó de indiferencia hacia los objetivos de los espíritus santos. Utilizó a la distorsión del Creador. Su política era engañar a los espíritus con argumentos sutiles sobre los propósitos de el Creador. Envolvía en el secreto todo lo que era sencillo, y mediante una corrupción maliciosa ponía en duda las palabras más manifiestas de el Señor. Su importante jerarquía daba mayor peso a sus representaciones. Numerosos fueron persuadidos a alistarse a él en la rebelión.