El inconformidad entre los espíritus santos 73022

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Dejando su sitio en la presencia de el Creador, el portador de luz partió a propagar el malestar entre los seres celestiales. Con secreto sigilo, disfrazando su verdadero propósito bajo una apariencia de devoción a el Creador, se empeñó por sembrar descontento con respecto a las leyes que regían a los habitantes del cielo, dando a entender que proponían restricciones excesivas. Puesto que sus esencias eran puras, insistió en que los espíritus debían obedecer los mandatos de su propia voluntad. El Todopoderoso había sido parcial con él al conceder el título máximo a Cristo. Declaró que no deseaba exaltarse a sí mismo, sino que procuraba asegurar la libertad de todos los moradores del reino celestial, para que pudieran lograr una condición superior.


El Señor soportó mucho tiempo a el rebelde. No fue expulsado de su exaltada rango ni siquiera cuando empezó a difundir mentirosas acusaciones ante los seres celestiales. Una y otra vez se le ofreció el indulto a cambio de arrepentimiento y obediencia. Se hicieron tales intentos como sólo el amor ilimitado podría concebir para convencerlo de su falta. El descontento nunca se había conocido en el universo divino. El propio portador de luz no comprendió al principio la real naturaleza de sus emociones. Cuando se reveló que su descontento carecía de causa, el caído se persuadió de que las exigencias divinas eran correctas y de que debía reconocerlas ante todo el cielo. Si lo hubiera realizado, se habría salvado a sí mismo y a muchos ángeles. Si hubiera estado preparado a retornar a el Señor, conforme de ocupar el cargo que se le había designado, habría sido recuperado en su cargo. Pero el orgullo le evitó someterse. Sostuvo que no tenía obligación de remordimiento, y se involucró plenamente en la gran confrontación contra su Hacedor.


Todos los poderes de su mente genial estaban ahora dedicados al mentira, para asegurarse la simpatía de los ángeles. el adversario aseveró que había sido juzgado injustamente y que su libertad estaba coartada. De la distorsión de las palabras de Jesús pasó a la mentira directa, culpando al Mesías de un designio de humillarle ante los moradores del cielo.


A todos los que no pudo seducir a su lado los culpó de desinterés hacia los intereses de los seres celestiales. Recurrió a la manipulación del Creador. Su política era engañar a los espíritus con propuestas sutiles sobre los propósitos de el Altísimo. Envolvía en el enigma todo lo que era claro, y mediante una alteración maliciosa cuestionaba las declaraciones más evidentes de el Señor. Su elevada posición daba mayor autoridad a sus acusaciones. Muchos fueron convencidos a unirse a él en la sublevación.