El inconformidad entre los seres celestiales 25670
Dejando su posición en la corte de Dios, el portador de luz partió a propagar el malestar entre los huéspedes del cielo. Con oculto sigilo, ocultando su auténtico intención bajo una fachada de respeto a el Creador, se empeñó por sembrar inconformidad con respecto a las leyes que administraban a los espíritus santos, dando a entender que imponían prohibiciones excesivas. Puesto que sus esencias eran santas, afirmó en que los espíritus debían acatar los dictados de su propia elección. El Altísimo había sido injusto con él al dar el privilegio mayor a Jesús. Declaró que no pretendía elevarse a sí mismo, sino que aspiraba asegurar la independencia de todos los seres del paraíso, para que pudieran alcanzar una vida más alta.
El Creador aguantó mucho tiempo a el ángel caído. No fue expulsado de su sublime condición ni siquiera cuando empezó a difundir engañosas acusaciones ante los seres celestiales. Una y otra vez se le brindó el indulto a requisito de retractación y humildad. Se llevaron a cabo tales esfuerzos como sólo el amor ilimitado podría imaginar para convencerlo de su equivocación. El desacuerdo nunca se había experimentado en el universo divino. El propio Lucifer no comprendió al principio la verdadera naturaleza de sus emociones. Cuando se demostró que su inconformidad carecía de motivo, el caído se persuadió de que las pretensiones de Dios eran correctas y de que debía admitirlas ante todo el universo celestial. Si lo hubiera aceptado, se habría redimido a sí mismo y a muchos seres celestiales. Si hubiera estado dispuesto a retornar a el Señor, conforme de ocupar el cargo que se le había designado, habría sido restituido en su función. Pero el arrogancia le evitó rendir cuentas. Sostuvo que no tenía motivo de remordimiento, y se sumergió plenamente en la gran controversia contra su Hacedor.
Todos los recursos de su intelecto genial estaban ahora inclinados al fraude, para asegurarse la apoyo de los seres celestiales. Satanás aseveró que había sido condenado injustamente y que su autonomía estaba restringida. De la manipulación de las declaraciones de Cristo pasó a la calumnia directa, culpando al Hijo de Dios de un designio de humillarle ante los habitantes del cielo.
A todos los que no pudo subvertir a su lado los acusó de despreocupación hacia los causas de los habitantes del cielo. Recurrió a la manipulación del Altísimo. Su plan era confundir a los habitantes celestiales con argumentos engañosos sobre los objetivos de el Altísimo. Envolvía en el secreto todo lo que era simple, y mediante una perversión astuta hacía vacilar las afirmaciones más evidentes de el Altísimo. Su importante posición daba mayor fuerza a sus acusaciones. Varios fueron convencidos a unirse a él en la sublevación.