El malestar entre los seres celestiales 33433
Apartándose de su lugar en la corte de el Altísimo, el portador de luz partió a difundir el malestar entre los seres celestiales. Con secreto misterio, disfrazando su real propósito bajo una apariencia de devoción a Dios, se afanó por provocar inconformidad con respecto a las leyes que gobernaban a los habitantes del cielo, dando a entender que proponían limitaciones excesivas. Puesto que sus naturalezas eran santas, insistió en que los habitantes celestiales debían acatar los mandatos de su propia voluntad. El Todopoderoso había sido parcial con él al conceder el honor mayor a el Hijo de Dios. Afirmó que no buscaba elevarse a sí mismo, sino que procuraba asegurar la autonomía de todos los seres del cielo, para que pudieran obtener una condición superior.
El Señor soportó mucho tiempo a el rebelde. No fue expulsado de su elevada posición ni siquiera cuando empezó a lanzar engañosas acusaciones ante los seres celestiales. Una y otra vez se le brindó el absolución a condición de retractación y humildad. Se hicieron tales acciones como sólo el cariño eterno podría crear para persuadirlo de su error. El desacuerdo nunca se había experimentado en el cielo. El propio ángel rebelde no percibió al principio la auténtica condición de sus sentimientos. Cuando se evidenció que su descontento carecía de motivo, el caído se dio cuenta de que las exigencias divinas eran correctas y de que debía aceptarlas ante todo el cielo. Si lo hubiera aceptado, se habría redimido a sí mismo y a muchos seres celestiales. Si hubiera estado decidido a regresar a el Señor, contento de asumir el cargo que se le había destinado, habría sido restablecido en su cargo. Pero el orgullo le impidió someterse. Insistió que no tenía motivo de retractación, y se comprometió plenamente en la gran confrontación contra su Señor.
Todos los poderes de su capacidad maestra estaban ahora orientados al mentira, para asegurarse la simpatía de los habitantes del cielo. el adversario representó que había sido condenado erróneamente y que su libertad estaba restringida. De la distorsión de las palabras de Jesús pasó a la falsedad directa, señalando al Salvador de un designio de denigrarlo ante los pobladores del cielo.
A todos los que no pudo seducir a su bando los culpó de desinterés hacia los objetivos de los seres celestiales. Apeló a la manipulación del Dios. Su estrategia era desorientar a los espíritus con razonamientos engañosos sobre los objetivos de Dios. Complicaba en el secreto todo lo que era simple, y mediante una corrupción maliciosa hacía vacilar las declaraciones más claras de el Altísimo. Su elevada condición daba mayor autoridad a sus acusaciones. Numerosos fueron convencidos a agruparse a él en la rebelión.