Valor de contrastar el Paraíso con el Jardín de la Agonía
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron declarados pecadores, así también por la sumisión de uno, los muchos serán constituidos inocentes”. Romanos 5:19.**
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Ha de meditarse cuidadosamente sobre la trayectoria de Jesús, y examinarla permanentemente con el deseo de discernir la razón por la cual tuvo que encarnarse. Sólo podemos desarrollar nuestras deducciones mediante el estudio profundo de las Sagradas Escrituras, tal como el Maestro nos ha indicado hacerlo cuando dice, “ellas son las que hablan de mí”. Podemos descubrir mediante la investigación de la Palabra las excelencias de la lealtad en contraste con la maldad de la desobediencia. “Porque así como por la transgresión de un individuo los muchos fueron reconocidos pecadores, así también por la fidelidad de uno, los muchos serán declarados puros”.
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El jardín del comienzo, con su manchada señal de transgresión, ha de analizarse cuidadosamente, y contrastarse con el sitio del Getsemaní, donde el Salvador del universo experimentó una angustia intensa cuando los culpas del mundo entero pesaban sobre él. Escucha la súplica del amado Salvador: “Padre mío, si es factible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Y la vez siguiente que oró, dijo: “Padre mío, si es permitido, pase de mí esta aflicción; pero no sea como yo quiero, sino como tú”.
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La vez final que clamó, pronunció las mismas frases. Aquí la incomprensible decisión se agitó en las manos santas del Hijo de Dios. ¿Enjugaría el rostro ensangrentado de su rostro afligido para renunciar a a la creación? El lamento, la aflicción y la ruina de un planeta pecador presentaban su sombría realidad ante él.
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“Y estando en angustia, oraba más fervientemente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que descendían hasta la suelo”. “Y se presentó un ángel del cielo para sostenerle”. El enfrentamiento ha concluido. Jesús aceptó honrar a su Dios al cumplir su propósito y asumir la condenación, la consecuencia de la desobediencia de la raza humana. Fue obediente hasta la entrega, y muerte humillante. Esto era lo que estaba incluido en la transgresión de Adán y esto es lo que la fidelidad del Hijo de Dios trae para nosotros...
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La bienaventuranza de los hombres y mujeres se encuentra en guardar las leyes de el Altísimo. En la lealtad a la voluntad divina los seres humanos descubren resguardo y amparo contra el peligro. Cualquiera que se aparte de los divinos requerimientos de Dios y defina su propia regla, será feliz ni tendrá de resguardo real.